domingo, 9 de diciembre de 2007

Un paseo sin fin

Reserva ecológica
San Telmo

Buenos Aires es una de las ciudades más bonitas del mundo y la más importante de nuestro país, nada nuevo bajo el sol. Caminito, San Telmo, la avenida Corrientes, Plaza Francia y los bosques de Palermo son los principales puntos a visitar por los recién instalados habitantes. Todos los "nuevos porteños" hemos visitado aunque sea alguna vez alguno de los sitios mencionados. Luego las actividades ,que se suman y se suman, nos dejan sin el tiempo ni las energías para hacerlo nuevamente cada día libre. Esta quizás sea la ley que regula a esta ciudad, diversidad de oferta cultural y poco tiempo para el disfrute. Todo al alcance de la mano, nada de ganas para extenderla. En fin, será cuestión de organizar el tiempo. Pero la cosa cambia cuando llegan las visitas y hay que mostrarles el lado lindo del lugar que padecemos diariamente. Desde hace casi cuatro años hago el mismo recorrido cada vez que un amiga o la familia me visita. Lo bueno es que es grande, inabarcable para la imaginación, interminable para los pies que la caminan. Buenos Aires me sorprende una vez más.

Jardín japonés
Recoleta
Caminito

sábado, 27 de octubre de 2007

Volver



Cada elección lleva a una pérdida. Cada pérdida lleva a una nueva posibilidad. Elegí estar a unos miles de pasos de la tierra que me vió nacer. Hoy estoy acá, mañana va a surgir un nuevo camino. Quizás no. Difícil es hacer lo que se disfruta en solo un par de días. Lo sabemos los que estamos pisando suelos ajenos y siempre volvemos. Abrazar a los amigos, caminar esos cerros, soñar con el silencio de aliado y robar un poco de infancia.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Cuando las palabras sobran


En lugar del Tres Picos, el Lanín. Llegamos a Junín de los Andes y en unos instantes estábamos armando la carpa frente al Lago Huechulaufquen, a unos kilómetros de la incipiente ciudad.

También era un incipiente camping, pero para qué más, teníamos el equipo necesario y los conocimientos básicos, la combinación justa. Casi una decena de asentamientos rodean el lago y ofrecen albergue a los visitantes. Estos están manejados por las familias nativas mapuches, en común acuerdo con el gobierno provincial, que te ofrecen una porción de tierra encantada para armar tu carpa. Se clasifican en agrestes y organizados según los servicios que ofrecen.

En los primeros no hay nada de nada, sólo vos y el paisaje, que no es poco. En el segundo hay agua caliente algunas horas, algo de leña y una mínima proveeduría.

Salimos despuès de un desayuno caliente para olvidar la noche fría. Dos kilómetros de caminata nos acercaron a una de las entradas del Parque Nacional Lanín ya que la reserva está conformada por 412 hectáreas. Subimos hasta la base del volcán, 1800 metros exactamente, la mitad del recorrido teniendo en cuenta que la altura total es de 3700 metros.
Durante el ascenso apreciamos diferentes paisajes, por momentos secos y por otros húmedos. La variación en los colores, en la luz, en las especies, era asombrosa. La caminata tuvo un alto grado de dificultad pero el agua fresca y pura que bajaba de la montaña nos alivió por momentos. Y ahí estaba la nieve indicándonos que la meta estaba cumplida. Imposible describir el placer de haber estado descalza comiendo unas galletitas Traviata con paté mientras el volcán me observaba desafiante. Imposible.

http://www.parquenacionallanin.gov.ar/
http://www.parquesnacionales.gov.ar/
http://www.sendasybosques.com.ar/

sábado, 15 de septiembre de 2007

Los no aptos


Había un vez en un cercano país un lugar mágico. En él convivían centenares de bosques, profundos lagos y deliciosos chocolates. Los habitantes del pueblo vivían felices. En el verano disfrutaban de los más variados colores y en invierno el blanco de la nieve llegaba para brindarles su espectáculo. Miles de visitantes pasaban por la pequeña villa y se deleitaban con sus maravillas. Si, Villa la Angostura parece una réplica de aquellos lugares fantásticos, de princesas y enamorados, de abundancia y perfección. En el comienzo de este año estuve un par de días con Jimena y Licina. Luego de hacer un recorrido por otros pueblos, llegamos a la capital de los jardines. Me sorprendió la belleza de sus construcciones y la planificación más que correcta. Un lugar artificial, teatralizado. En el mes de marzo volví, el pueblo me había impactado. Despuès de visitar el bosque de arrayanes caminamos con mi mamá y Rosa por una de las calles extremas del lugar. El camino era dificultoso. Por algunos momentos creímos perdernos. Pero no. Ibamos directo a lo que nos faltaba ver. El reino se desvaneció. Bienvenidos al mundo real. Pasen y vean. Ahí está la gente. La excluida. La no apta para el paisaje. El barrio borrado del folleto. Las calles ausentes del mapa. Lo curioso es que para bajar a la calle principal, la apta para transitar por el turista, había que sortear un especie de laberinto. Ah...y ni se te ocurra subir desde la calle apta hasta esos barrios. Unos postes bien distribuidos te lo impedirán, para que sigas siendo parte de la ficción.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Aripuca


Fue nuestro último paseo en la tierra de la yerba mate. Entramos con la promesa inicial de probar una crema helada verdosa con gusto a la bebida caliente que tomamos a diario. Palabras que luego no se cumplieron. En fin. El término Aripuca proviene del portugués y refiere a una trampa artesanal compuesta de ramas en la que los pájaros son encarcelados. El complejo ARIPUCA recuerda la forma de aripucas que utilizaban los indios y muestra la diversidad de maderas que se pueden encontrar en la zona misionera. Interesante.

jueves, 30 de agosto de 2007

Sólo noventa deseos...


Aunque sea el lugar en el que viví la totalidad de mis días, cada vez que respiro nuevamente su aire una historia nueva me invita a vivirla. Y junto a lo nuevo y a lo habitual, él. Porque con él lo habitual se hace nuevo y lo nuevo, familiar. A partir de hoy lleva treinta años sobre sus hombros, sin esfuerzo porque no le pesan. Todavía queda mucho. Y también muchos regresos en los que espero encontrarlo una vez más.



viernes, 24 de agosto de 2007

La sangre derramada


Nuestros pies dejaron de pisar tierra colorada en San Ignacio. Llegamos cuando el sol abandonaba el pueblo y sin indagar mucho sobre posibles alojamientos. En un instante ya estábamos en la posada que se encuentra frente al boulevard principal. A tres cuadras de lo que sería la excursión del día siguiente. El cansancio arrastrado de los días vividos nos hizo cenar a las siete de la tarde y soñar desde las ocho. Al despertar comimos unas recalentadas medialunas y partimos para las ruinas. Numerosos puestos de artesanos empezaron a rodear nuestro paso. Tejidos, comidas, vasijas y mucha gente ofreciéndonos su arte.
La entrada a la reducción daba pocos indicios de la fotografía que íbamos a ver después. El recorrido empieza en un sitio cerrado con distintos utensilios, maquetas, figuras, inscripciones. Luego la fotografía sobre nuestras retinas. Es difícil describir las sensaciones que nos rodean en ese momento de contemplación. Las ruinas todavía irradian esa energía con la que se movió su pueblo.

San Ignacio Miní fue fundada originalmente en 1610 por los padres José Cataldino y Simón Masceta en la región del Guayrá, junto a otras reducciones más. En el año 1631 fueron asoladas por los bandeirantes o mamelucos (cazadores de esclavos), salvándose del asedio únicamente San Ignacio Miní y Nuestra Señora de Loreto, pueblos que emigraron en 1632 y se establecieron a orillas del río Yaberibí. San Ignacio se estableció en 1696 en el sitio donde hoy se encuentra. Al igual que las otras reducciones fue destruida en el año 1817 por los paraguayos pero fue restaurada en 1940.
Un guía nativo del pueblo nos acompañó todo el recorrido. Éramos sólo tres. Un privilegio.
Nos contó con toda pasión la historia de su tierra. Todos los guaraníes trabajaban. Una parte de lo que se producía se destinaba a las familias y la otra se utilizaba para sostener los gastos de la iglesia, la educación y la cultura. Los trabajos rurales los hacían los hombres, además de tareas de carpintería, enseñanza de oficios y otras artes. Las mujeres cuidaban a los niños, cocinaban, hilaban y tejían.
La arquitectura corresponde al barroco colonial o americano. La estructura partía de un centro que era la plaza, en la cual sobresalía la iglesia, que se complementa con la residencia de los padres, colegios y talleres. Las viviendas y el cabildo a los laterales de la plaza y luego las
tierras de cultivo.

Pero no todo lo que reluce es oro. Tras esa organización ejemplar se esconde el oscuro objetivo. La acción conquistadora y colonizadora española en América. Evangelización de los pueblos indígenas. Tierra colorada. Tierra de sangre derramada.